
Pero el caso de Del Potro es disímil… Cuenta con un entorno familiar y empresarial inteligente, que prefiere "trabajar antes que declarar" y que entiende cómo aplicar los nuevos conceptos del management deportivo. La imagen de Juan Martín no sólo está intacta, sino que crece día tras día. Jamás se lo vio romper una raqueta u otra reacción histérica.
La nacionalidad de Del Potro, al principio, fue una traba para convencer a los sponsors. "Desde el primer día padecí ese preconcepto. En cualquier mesa que me sentara con un potencial auspiciante, primero me hablaba de ese tema. Dudaban porque era un jugador argentino, venía de un país que económicamente no era estable. En cualquier negociación en Nueva York ni querían escuchar la palabra argentino. Se escapaban. Fue duro. No porque tuvieran algo contra los sudamericanos, pero estaban acostumbrados a otro perfil. Con la Argentina, América del Sur, países que no tienen tantos recursos económicos, el valor del jugador, del atleta o del artista es menor", añade Colombini ante LA NACION, en una de las tantas arterias del Melbourne Park.
Pero el actual número 5 del mundo no tardó en ponerse al público en el bolsillo. Hablar inglés le permitió romper una barrera que para diversos latinos es casi insuperable…
En la forma en que se diseñó y se explota la "marca Del Potro" se advierten amplias diferencias con la que utilizaron otros argentinos. Más profesional, con mayor proyección. "Diariamente compruebo en el mercado que hemos hecho algo diferente. La diferencia la marca él, porque juega, gana y se porta bien, que es fundamental", concluye el agente milanés. Juan Martín del Potro y su entorno combinan talento deportivo y sabiduría para entender el juego que hay detrás de los courts. Y ésa es una fórmula exitosa.



